-Te llamo en cinco minutos y me lo terminas de contar, que se me ha presentado un inconveniente -Le dijo a su interlocutor telefónico. Colgó y me miró con superioridad a pesar de que mi posición la obligaba a levantar la cabeza hacia arriba.
-Te va a llevar más de cinco minutos librarte de mí -Le dije mientras me levantaba del escritorio.
-¿Cómo has hecho para entrar en mi despacho? -Me increpó.
-¿Te refieres a cómo me he saltado a esa panda de caniches que tienes a tu mando? Son inofensivos, con un poco de mimos se calman, deberías atenderlos más, los noto algo faltos de cariño.
Sentí su mirada sobre mi cuello y un glacial recorrió por segundos mis vertebras. Había logrado irritarla y eso la ponía muy impaciente. Pensé que no vendría mal cargar la atmósfera de más elementos dramáticos. Así que busqué un paquete de tabaco en el bolsillo de la chaqueta y encendí un cigarrillo con parsimonia.
-Te voy a narrar los acontecimientos que llevaron a la muerte a Robert, mi amigo, talvez el mejor amigo que haya tenido jamás. La noche anterior a su muerte estuviste en compañía de dos de tus french poddle en su habitación. La número 77 como tú bien sabes; durante dos horas aproximadamente. Lo sé porque esa misma noche me llamó y me contó cómo estuvisteis indagando sobre su vida privada y sobre sus pertenencias. Ese hecho aislado no dice mucho, ¿verdad? Pero has sido descuidada en un par de cosas. Ayer, después de que me echaras a patadas de aquí, preguntaste a uno de tus chihuahuas si había escondido bien todas las cajas procedentes de AstraZeneca. Me costó un par de horas darme cuenta, pero de repente recordé que AstraZeneca es el laboratorio que comercializa el Distraneurine -Di una calada para reordenar mis ideas y crear un poco de suspense. Ella parecía no escucharme, estaba absorta mirando los botones de mi camisa, lo que me obligó a contener la respiración para que no se notara que me quedaba estrecha.
-¿Desde cuándo has vuelto a fumar? -Me preguntó.
No me esperaba esa pregunta, así que solté la respiración y uno de los botones se estrelló contra un cuadro de la pared. Tuve que aspirar sonoramente la última calada del cigarrillo para distraer su atención.
-Y además LM ligths, antes fumabas habanos ¿No sientes que estás perdiendo algo de dureza, José? -Me preguntó fingiendo preocupación. Este último comentario me puso muy nervioso, talvez tuviera razón y estuviera perdiendo alguna que otra facultad, pero curiosamente el solo comentario hizo despertar al viejo sabueso dentro de mí, y ataqué.
-Seguramente habrás ordenado a alguno de los fox terrier que comen de tu mano, que le suministrara a Robert una dosis mortal de Distraneurine mientras dormía -Le escupí a la cara sin piedad, ella me devolvió una mirada llena de cansancio.
-Según el informe del forense, 25 pastillas de Distraneurine más una botella de vodka fueron suficientes para producirle a Roberto la muerte, como te podrás dar cuenta, es necesario estar despierto para ingerir ambas cosas. ¿No conociás esos datos, José?
-Joseph, Jou mejor, que no te confunda mi aspecto hispano.
-Bien, Jou, todavía no sé a qué debo el honor de tu visita ¿Qué quieres exactamente?
Me acerqué a ella, la tomé de los hombros y la levanté de la silla. Ella me apartó con firmeza y, con un movimiento pendular del cuello, se recolocó la melena. Pude percibir un rastro de temor en el fondo de sus ojos que se desvaneció en seguida para dar paso a la mirada gelida de siempre. Nos miramos fijamente por un par de segundos. Mientras, ella, con la mano derecha, apretaba el timbre situado debajo de su mesa. Dentro de pocos instantes entrarían todos sus chuchos en el despacho. Opté por acosarla para ganar tiempo.
-¿No pudiste soportar que Robert no te diera más información? ¿O es que él poseía demasiada información sobre tu negocio?
-¿Cuál es el negocio que crees que tengo? -Me preguntó con un deje de desinterés.
-Soy yo el que hace las preguntas y tú la que las respondes. ¿Por qué mataste a Robert? -Le disparé a bocajarro.
-Roberto se suicidó -Murmuró. Por el tono de su voz comprendí que estaba completamente agotada y que tardaría poco en confesar. Era el momento de dinamitar su versión.
-Vaya, esa sí que es una buena patraña. ¿Quién crees que se va a creer tal cosa?
Me disponía a encender otro cigarrillo, cuando entró toda la jauría en tropel y me levantó en vilo.
-Disculpe doctora, no sé cómo hace para deslizarse hasta aquí a diario -Babeó uno de los coker.
-Intentad que no siga pasando, estoy un poco harta de que se me presente todos los días con lo mismo. Subidle a 60 mg la dosis de fluoxetina y observadle por la noche.
-Investigad de dónde saca el tabaco, hoy traía un paquete de LM ligths. Además vigiladle los atracones, porque ha ganado algo de peso y ha terminado reventado la camisa. Ahh, y ponedle una nueva -Alcancé a oír que le decía a su bull terrier favorito. La muy perra.
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