Tengo una sonrisa permanente en la cara que no se me quita. No desaparece. Me sorprendo por las mañanas cuando me saluda perezosa. La siento instalada en mi cara, todos mis músculos la delatan. A veces desconfío, pienso que me la estoy inventando, que hace parte de una fantasía de esas tan mías, de las que invento para entretener a la gente, de las que tanto gustan. La sospecha me invade y entonces la espío en las vitrinas de las calles, la vigilo en los espejos de los ascensores, la sorprendo en mi imagen proyectada dentro de tus ojos. Ahí sigue. No es inventada. Lo sé no porque confíe en mis percepciones, esta vez no sería suficiente, sino porque los demás la ven. Como yo, la ven. La comentan. La comparten. Puede que alguien la envidie. Por las noches, cuando la mirada me arde de todo lo que vi de todo lo que sentí de tanto como supe, cuando de mí me despido, todavía me acompaña. Tengo que aceptar que ahí está, que va conmigo, que es mía. Mi sonrisa soy yo. Y aún, toda ella te pertenece.
Y los demás también necesitamos la tuya...Es muy bonito lo que escribes, ojalá tu sonrisa te acompañe siempre allí donde vayas, es una de nuestras mejores armas.
Publicado por: Azul | 03/03/2010 en 12:02 a.m.
bonito texto, volveré por aquí.
Publicado por: Jordi M. Novas | 05/27/2010 en 09:35 p.m.