¿Qué hacemos ahora entre la arena y la espuma de la ola?
¿Cómo diablos llegamos a esta playa en la que tú caminas lo que yo borro y tú pisas lo que yo renuevo?
Qué difícil decir adíos a pesar de pensar y querer, o pensar, o querer, o querer pensar, caminar hacia otro lugar.
Ahora quiero un sitio en el que podamos ser.
Felizmente ser. Limpiamente ser. Sólamente ser.
Sin rabias y miedos. Sin odiarnos al oír nuestros propios sarcamos. Sin aterrorizarnos al ver la cara de desprecio en el otro.
¿Qué nos trajo hasta aquí?
¿Qué caminos equivocados tomamos?
¿A dónde se fueron las risas a borbotones?
¿Quién nos encarceló en esta jaula?
Empiezo, sólo empiezo, a aceptar que nuestros caminos se cruzaron en una milésima de segundo, para separarse definitivamente después.
Sería sencillo decir aquello tan recurrente de que la imcompatibilidad de caracteres existe y tal y cual cosa. Igual lo podemos usar de respuesta cuándo nos preguntén.
Pensé, ya hace rato que lo pensé, que tantas diferencias encajarían perfectamente.
Luego pensé que quizá sí, por qué no, pero no sin ayuda.
Me engañaba en ambos casos.
Ya no es que pertenezcamos a culturas distintas. Es más. Pertenecemos a distintas dimensiones.
Ya no me quedan más cajones para jugar. Se me acabaron los regalos que regalar. Se me secaron los besos con los que amar. Todos mis poros abiertos de par en par se fueron llenando como se llena un estomago vació después de un gran atracón. Demasiado rápido. Demásiado doloroso. Demasiado.
Morir o Matar. No quiero ninguna opción, no las elijo.
Me voy, sé que tiene que ser rápido.
Lo será.
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